El gobierno municipal de Pachuca eliminó diversos murales ubicados en espacios públicos, lo que provocó inconformidad entre artistas y ciudadanos, al considerar que se trataba de expresiones culturales relevantes para la comunidad.
El alcalde de la capital hidalguense, Jorge Reyes Hernández, justificó la decisión al señalar que las obras habían perdido su valor artístico, ya que se encontraban deterioradas y con múltiples pintas, por lo que —a su juicio— dejaron de ser arte.
Sin embargo, la medida generó críticas dentro del sector cultural, donde se cuestionó que no se haya consultado previamente a los autores ni a la comunidad antes de intervenir los murales.
Artistas locales también señalaron que, aunque las obras presentaban grafitis o desgaste, esto forma parte del proceso natural del arte urbano, por lo que consideraron que su eliminación representa una falta de reconocimiento al trabajo creativo y al valor cultural de estos espacios.
El caso abrió un debate sobre el manejo del arte público en Pachuca, así como sobre la necesidad de establecer mecanismos de diálogo entre autoridades y creadores para la conservación o renovación de este tipo de expresiones.
Además, desde el ámbito cultural estatal se expresó desacuerdo con la decisión, al señalar que este tipo de intervenciones deben socializarse y realizarse con respeto hacia los artistas y la comunidad que se apropia de estos espacios.
La polémica continúa generando reacciones, evidenciando la tensión entre la conservación del arte urbano y las acciones de rehabilitación de espacios públicos en la ciudad.




